Soplado vidrio

Cinco traducciones de Adam Fethi

Ayer estuve invitado en el Centro Federico García Lorca, en el marco del Tres Festival 2018, leyendo estas cinco traducciones que hice del poeta tunecino Adam Fethi.

1. El Soplador de cristal
(Primer movimiento)

¿Cómo escribes? Pregunta la niñita a su padre
ciego.

Miro largo tiempo dentro de mí hasta que veo un agujero en la página. En el agujero coloco una palabra. Soplo en la palabra para que crezca un poco y así, a veces, obtengo un poema.

¿Y después?

Nada…
nada salvo tal vez caer en el agujero y no regresar más

2. Escorpión

Un pequeño escorpión en un círculo de fuego
ante una cueva moribunda, se pica a sí mismo.

Después parte a lomos de una broma miserable.

Así bebe la copa, sencillamente
como Sócrates.

Pero donde la mano tiembla
el dardo no ha de temblar.

3. El estetoscopio

Quítate la ropa, le ordena el doctor. Él lo hace. El poeta está desnudo.

El doctor ignora el estetoscopio que se enrojece sobre su pecho y lo presiona:

¿Y éstas? Señalando las palabras y los males.

Éstas no me las puedo quitar, murmura el poeta con una voz lejana.
Mis palabras y mis males son mi segunda piel; a veces salgo desnudo a la calle y nadie aprecia mi desnudez.

Túmbate, ordena el doctor, y el poeta obedece.

El estetoscopio cierra los ojos, avergonzado, y el poeta gime cada vez que el doctor palpa una palabra de su cuerpo.

¿Dónde te duele? En mis sueños, musita el poeta. A veces siento que soy un dolor que sueña para no escucharse. Un sueño que sufre para no pensar. Dime, francamente, ¿hay alguna esperanza?

El doctor encuentra más de un motivo para desesperar. Pero si hubiera estado más atento habría visto que sus palabras, en el silencio de la consulta, estallaban en carcajadas mientras el estetoscopio tranquilizaba al paciente:

Todo va bien amigo. Tú
Estás totalmente vivo
Cosa que no ocurre
Con aquellos que han perdido el don del dolor

IV. La emboscada

He dormido con mi cuerpo por largos años, un ojo medio abierto y el otro medio cerrado.

Cada vez que un grano cae del racimo de los seres queridos
y me despierta el restallido de mi carne.

Veo mi mano espantada tentando sus bordes inermes. Mi oreja tiembla como la cabeza de una gata aterrorizada.

Este ruido traiciona la caída de alguien cercano o de un semejante.

He dormido con mi cuerpo por largos años, un ojo medio abierto y el otro medio cerrado.

Sin saber de dónde puede venir el golpe. ¿Del cerebro? ¿De los pulmones? ¿Del corazón? ¿Del hígado? ¿Del riñón? ¿De la próstata?

¡Mierda! (aúlla el niño en su viejo cuerpo, en su jaula móvil). ¿Es esto un cuerpo o una madriguera de asesinos al acecho?

Tras los años pongo mi mano sobre la boca de mi amada
Tras los años mi amada posa su mano sobre mi boca,
No queremos que el llanto de uno despierte al enemigo que duerme en el cuerpo del otro.

¡Mierda!

¿Es mi cuerpo
o es mi enemigo?

¿Es un cuerpo
o una emboscada?

V. El pez rojo

La sombra de una niña cae sobre el agua. Sueña que es un pez.

Dejadme que piense su color, murmura. Soy un
pez rojo.

¿Y qué hago?

Tal vez danzar
con las almejas.

¿Tengo un espejo para peinarme?

Miraré mejor arriba
Mirar siempre hacia arriba
Y tejer con los rayos del sol
una canción para el invierno.

¿Tendré sed?

Recogeré marisco, los frutos del mar, como
esta hermosa flor.

(El anzuelo estaba cerca, tanto como un iris brillante a la sombra
del pescador).

El pez lo ha mordido
y la niña grita:

¡Ah! Si lo hubiera sabido

La vida a veces
empieza a pudrirse por los sueños

igual que el pez siempre
empieza a pudrirse por la cabeza.