Los adioses Byung Chul Han

“Los adioses”, por Byung-Chul Han (o Vindicación del narrador no fiable)

Vivo de aquello que los otros no saben de mí.

Peter Handke.

Durante la primera mitad del siglo XX existió en la literatura en nuestro idioma una forma de contar que ha sido aniquilada por la sociedad de la transparencia. Me refiero al narrador no fiable: un narrador que presenta los hechos como veraces para que el lector (atento) sepa –normalmente después de haber cerrado la contratapa– que ha sido engañado durante horas y páginas con la mayor de las impudicias. Esta forma de la narración fue practicada y llevada a su máximo exponente sobre todo en el Río de la Plata, por autores como Borges, Felisberto Hernández, Onetti, algún Cortázar… y sigue viviendo –con maestría, aunque con respiración artificial– en la pluma de un tal Ricardo Piglia.

Utilizar un narrador no fiable para contar algo no es una decisión baladí. Para empezar, se está suponiendo en el lector alguna cuota de pensamiento crítico, y esto comporta un enorme respeto por él; comporta elevarlo de la categoría de espectador a la de interlocutor. Además, el escritor se zafa de cierta mitología de la necesidad al permitir que su obra sea re-construida en los ojos –o en el cortex prefrontal o donde sea, no sé– de su interlocutor. Un escritor sólo puede atreverse a engañar a sus lectores cuando los respeta, cuando cree que pueden desentrañar sus mentiras. Un escritor que no respeta a sus lectores se limita a exponer; es un exhibicionista, un performer de un espectáculo en el que no hay verdades ni mentiras, sino sólo información. Y es que “A la imposición de la transparencia le falta precisamente esta ‘ternura’, que no es sino el respeto a una alteridad que no puede eliminarse por completo”.

El resto del ensayo en el blog de Ediciones Paralelo.