Imprenta de Gutenberg

Autoedítate, tonta (ii)

Como iba diciendo en esta entrada, a mi compañero Juntaletras Blissett le preguntaron tanto como a mí por el contenido de su libro cuando los vendíamos de mano en mano por Lavapiés. Pero a mí además me pasó algo muy curioso. Cuando comentaba que aquello eran cuentos, había quien me decía que los iba a comprar para sus hijos o para sus nietos, a lo que yo respondía con una señal de alarma o de indiferencia, según el caso. A mi apocalíptico amigo eso no le ocurrió ni una sola vez. Esto viene a darle la razón a nuestro Jefe, claro: el aspecto del objeto e incluso el momento de la venta condicionan para siempre la lectura de nuestros manuscritos. Y eso nos dio a Blissett y a mí la idea definitiva. Si hay un modo de romper con el binomio forma / contenido no es, como pudo pensar alguna vez el señor César Aira, a través de la publicación de manuscritos de calidad en editoriales minúsculas. [Pausa para rascarse]. Habría sido mucho más radical que Borges hubiera publicado “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” en un fanzine y se hubiera dedicado a venderlo en okupas. Hacer un graffiti de la Familia Real à la Antonio López, rapearse el Libro de Buen Amor o hacer un tráiler rollo James Bond para una película de Bergman es robarle al mercado algo que le costará mucho más reapropiarse que si nos limitamos a poner un inodoro en un museo, por ejemplo. Es decir: el dispositivo es significado por la red de relaciones que lo definen, claro, pero un dispositivo puede agitarse con tanta violencia que al hacerlo reconfigure la red que lo rodea.

El resto del ensayo, en el blog de Ediciones Paralelo.

Autoedítate tonta (antigua imprenta)

Autoedítate, tonta (i)

Hace poco, y por razones para mí oscuras, me han invitado a participar en dos antologías, una de poesía y otra de relato. En ambas ocasiones se me pidió que enviase una suerte de semblanza biobibliográfica, y en ambos casos incluí en dicho texto las siguientes palabras: “entiendo la autoedición como una forma de militancia”. Lo que sigue es un ensayo titulado “Autoedítate, tonta”, que he escrito a petición de mi editor y que publico dividido en tres partes por acuerdo del agente de dicho editor con mi propio agente. Tomen asiento y déjense llevar.

He oído hablar de algún suburbio
he oído hablar de algún distrito
he oído hablar de algún disturbio.

Gerardo Palahniuk

A todos nos han dicho alguna vez, de una u otra manera, que una variación en las condiciones materiales implica necesariamente una variación en la ideología, en la superestructura. Algunos hemos escuchado la frase tal cual, tal cual la he escrito yo hace un momento. Otros habrán oído que el Corán prohíbe comer carne de cerdo por no sé qué asunto relacionado con la triquinosis, y otros simplemente habrán razonado que hasta que no hubo pianos no pudo haber conciertos para piano. En lo que a nosotros nos toca –la literatura, siempre la literatura– eso significa que un cambio en la forma de hacer libros comporta necesariamente un cambio en el contenido de esos libros, en lo que esos libros dicen. Y lo que es mucho más importante: en la forma en que esos libros son leídos.

El resto del ensayo, en el blog de Paralelo.

Poesía Aquí y Ahora

Poesía aquí y ahora

Nolla. Necesito pensar y orientar mi pensamiento en números que quizá lo van a constreñir. Pero ¿acaso hay algo que no constriña el pensamiento (¿acaso se puede pensar sin límites?)? Como sea –y para que nadie se sienta ofendido– enumeraré los párrafos en finlandés, o finés, o como se llame.

Probablemente todo este artículo no es más que una reflexión demasiado larga sobre las oscilaciones entre el orden y la entropía.

Yksi. Perdón por el nombre del artículo. Sé que suena a manifiesto. Esto no es un manifiesto. No lo lean como un imperativo (algo como “¡Hagan Poesía Aquí y Ahora!” (con todas esas mayúsculas, qué horror, qué overdose)). Léanlo como el título de una descripción de la poesía que se hace aquí –España– y ahora –dos mil quince (sí, sí, ya sé)–. Dicho esto, considero (y no es nada muy original) que el término poesía excede esa cosa que se hace dándole muchas veces al Intro mientras uno escribe, y que a veces excede incluso al hecho mismo de la escritura.

Eso sí: les recomiendo que hagan poesía aquí y ahora.

El resto del artículo en el blog de Ediciones Paralelo.